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SIEMPRE TE QUERRE EL FUNAMBULO
LA VENGANZA TIENE UN LIMITE EL RATON Y LA CUBA DE VINO
EL ALIENTO DEL LEON EL NIÑO QUE NO SE LAVABA LOS DIENTES

En esta página quiero mostraros unos cuentos que leí hace unos meses y me gustaron mucho.

SIEMPRE TE QUERRÉ

 

Colín estaba muy enfadado y tristón. Se puso a tirar, a romper y a derramar; a gritar; a llorar; a golpear y a patalear. Rompió, astilló, machacó y aporreó…

-¡Ay Dios mío! –Dijo su madre-. ¿Qué es todo este lío?

Y Colín dijo:

- Soy un zorro pequeño, enfadado y tristón y nadie me quiere de corazón.

- ¡Pero, Colín…! –Dijo su madre-. Enfadado o no, pase lo que pase, siempre te querré de corazón.

Y Colín dijo:- Si fuera un oso pardo, ¿todavía me querrías y me cuidarías?

- Pues claro –dijo su madre-. Seas oso o no, pase lo que pase, siempre te querré de corazón.

Y Colín dijo:- Si me volviese gusano ¿todavía me querrías y me mimarías?

 

 

 

Colin y su mama

 

 

 

 

-Pues claro que sí –dijo su madre-, gusano o no, pase lo que pase, siempre te querré de corazón.

-¿Pase lo que pase? –dijo Colín, y sonrió. ¿Y si fuera cocodrilo?

Y su madre dijo:-De besos mimos te cubriría y por las noches, te arroparían.

-¿El cariño se gasta? –Preguntó Colín-. ¿Se rompe o se dobla? ¿Se puede coser o pegar? ¿Se puede arreglar?

-¡Vaya, vaya! –Dijo su madre-, tantas cosas no sé, pero te aseguro que siempre te querré.

Y Colín dijo: -Pero, cuando te mueras y te hayas ido, ¿me seguirás queriendo? ¿El cariño sigue vivo?

Su madre lo llevó, amorosa, a ver la noche serena con la luna luminosa y las brillantes estrellas. –Colín, fíjate en esos luceros que brillan como diamantes: aunque algunos ya murieron siglos y siglos antes…siguen brillando de noche el año entero. El cariño, como su luz, no muere, es duradero.

 

de DEBI GLIORI.

 

EL FUNÁMBULO

 

Hubo una vez un pajarito que estaba empeñado en ser funámbulo, que son esos señores de los circos que caminan cobre un alambre. Antes incluso de que empezaran a salirles las plumas, ya se pasaba las horas practicando en los bordes de su nido, utilizando un palito a modo de pértiga, para mantener el equilibrio.

Hasta que un día, una fuerte ráfaga de viento lo hizo caer de su improvisado alambre. El pajarito se asustó mucho, pues creyó que iba a estrellarse contra el suelo.

 

Pero, ¡Oh gran sorpresa!, en la mitad de su caída desplegó sus alas y, tras algunos intentos vanos, descubrió que podía volar.

Ahora no podría ser funámbulo en un circo, pues sabiendo volar no tiene mérito andar sobre un alambre a gran altura. Pero al pajarito no le importó ni lo más mínimo, puesto que volar era lo mas maravilloso de todo.

Algo parecido les ocurre a muchos humanos: se empeñan en ejercer actividades para los que no han sido llamados, en vez de preocuparse en descubrir sus verdaderas cualidades.

 

Popular recogido de "365 CUENTOS DE ANIMALES Y SUS MEJORES HISTORIAS"

LA VAGANZA TIENE UN LÍMITE

 

Érase una vez un ratón tan vago, tan vago, que se pasaba el día y la noche metido en la cama sin dar golpe.

-Eso de trabajar no se ha hecho para mí. -repetía siempre y a continuación se ponía el gorro de dormir ¡y a la cama! Hasta que una noche ocurrió lo peor que podía pasarle: ni más ni menos que la cama se rompió en dos y el pobre se pegó un batacazo de padre y muy señor mío.

Enfurecido y con el cuerpo dolorido a causa del golpe, el ratón pensó que había sido objeto de una broma y se dispuso a encontrar al culpable, que sin duda sería alguno de esos que no hacían más que decirle que tenía que trabajar.

Se sentó en una silla y comenzó a hacer una lista de sospechosos. Pero cuando la silla también se rompió y dio con sus huesos en el suelo, comprendió que el único culpable era él: había engordado tanto con su vagancia, que los muebles no podían aguantar su peso. Así que desde ese día se transformó por completo y comenzó a trabajar y a hacer ejercicio hasta convertirse en uno de los ratones más ágiles y esbeltos de toda la ciudad.

 

 

Popular recogido de "365 CUENTOS DE ANIMALES Y SUS MEJORES HISTORIAS"

EL RATÓN Y LA CUBA DE VINO

Hubo una vez un ratón que cayó en una cuba de vino. Un gato que pasaba por allí le oyó y preguntó por qué gritaba.

-Porque no puedo salir -dijo el ratón.

-Si quieres que te saque, te pongo una condición -dijo el gato-: que vengas a mí cuando yo te llame.

-Así lo haré -prometió el ratón.

Entonces el gato lo saco del vino y lo dejó marchar a su agujero. Pero un día en que el gato tenía mucha hambre fue hasta el agujero del ratón y le ordenó que saliese.

-¡De eso nada! -contestó el ratón.

-¿Acaso no juraste que vendrías cuando te llamase? -bramó furioso el gato.

A lo que el ratón, todo chuleta, respondió:

-Amigo gato, cuando te lo dije es que estaba borracho.

Popular recogido de "365 CUENTOS DE ANIMALES Y SUS MEJORES HISTORIAS"

 

 

EL ALIENTO DEL LEÓN

El rey de la selva estaba enfermo y llamó a sus médicos. Uno era la cebra, que dijo: "Os huele el aliento". El león, indignado, le dio un zarpazo y la mató.

A continuación llegó la hiena, que en vista de lo ocurrido dijo: "¡Qué aroma tenéis en la boca, majestad!". El león pensó que se burlaba de él y también lo mató.

Entonces le tocó el turno a la zorra. "¿Cual es tu opinión?" preguntó el león. A lo que la astuta zorra respondió: "Lo siento, majestad, estoy tan constipada que no huelo nada".

Popular recogido de "365 CUENTOS DE ANIMALES Y SUS MEJORES HISTORIAS"

EL NIÑO QUE NO QUERIA CEPILLARSE LOS DIENTES

Érase una vez un niño que se llamaba Miguel y que nunca tenía ganas de cepillarse los dientes. Siempre pensaba: "¿Por qué tengo que lavarme los dientes? Seguro que no me van a doler nunca y tampoco se me van a estropear". Y cuando su madre le preguntaba: "Miguel,¿te has cepillado los dientes?", siempre le mentía sin dudar y le respondía: "Sí, mamá, mis dientes están limpísimos". Durante un tiempo la treta funcionó.

Pero una noche, Miguel tuvo un sueño terrible. Todos sus diente lloraban y se quejaban: "¿Límpianos, cepíllanos, nos estamos pudriendo y nos vamos a caer! ¡Cepíllanos ya o muy pronto será demasiado tarde!". Y los dientes comenzaban a moverse y a castañetear en su boca, y Miguel se encontraba fatal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la mañana siguiente, cuando Miguel se despertó, fue corriendo a espejo para comprobar si todavía tenía todos sus dientes.

Y de repente se dio cuenta de lo que ocurriría si realmente sus dientes se cayeran un día solamente podría comer puré, nunca más podría volver a masticar una manzana y tendría que olvidarse de los chicles para siempre. ¡Sería terrible! No, Miguel no quería que ocurriera eso de ninguna manera, y apartir de ese día se propuso cepillarse siempre los dientes a conciencia. Y comenzó a ciudarlos con tanto esmero, que cuando abría la boca sus dientes relucían en su interior.

 

 

 

Recogido del libro "BUENAS NOCHES CON UN CUENTO"

 

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